Archivos en la Categoría 'HISTORIA'

11
feb
09

EEUU HACIA SU 98: EL FIN DE LA ILUSIÓN

En esta entrada voy a intentar recoger cosas, información, de las entradas anteriores y sumarlas a lo que he aprendido con mis últimas lecturas antes de, la próxima semana, meterme ya de lleno en el siglo XX; que alguno de los sufridos lectores de esta serie tendrá ya ganas (Rayuelo??).

El título viene a cuento de un proceso algo similar al que se produjo en España entre 1868 (la Revolución Gloriosa que derrocó a Isabel II y pretendió democratizar el país) y 1898 (la pérdida de nuestras últimas colonias, las primeras críticas al sistema político liberal con el turno de partidos, y el inicio de una visión decadente y desesperanzada de nuestro país).

En Estados Unidos la victoria de la Unión en la Guerra Civil de 1861-1865 había provocado un clima de euforia entre los vencedores, convencidos de que podrían extender la civilización y la verdadera libertad que creían representar a toda la nación norteamericana e incluso, más allá. Ya hemos visto que esta pretensión de ninguna forma se logró en el Sur, donde los blancos redujeron a los negros a ciudadanos de segunda clase entre 1877 y 1890. Continuar leyendo ‘EEUU HACIA SU 98: EL FIN DE LA ILUSIÓN’

04
feb
09

ESTADOS UNIDOS: EL GRAN BOOM

Esta  entrada será  algo más corta de lo normal, y supongo que lo agradeceréis :P El motivo es en parte falta de tiempo, en parte falta de información, y por último, la relativa falta de importancia en el período que ahora toca tratar de los aspectos políticos, por lo que los dejaremos de lado para retomarlos más adelante.

Hablaré por tanto de algunos aspectos económicos y sociales fundamentales de la historia de EEUU entre 1880 y 1900, aproximadamente. Tras la superación de la primera minicrisis de la Gran Depresión (1873-1878), y abandonada definitivamente la reconstrucción del Sur desde arriba, como vimos, Estados Unidos se volcó hacia el Norte y hacia el Oeste, y hacia los dos Océanos: el Pacífico y el Atlántico. Se produjo una enorme expansión demográfica (de 30 a 90 millones de habitantes) en gran parte debida a la emigración europea y asiática, y también territorial, al ocuparse mal que bien los grandes espacios vacíos del Oeste y el Sudoeste, arrebatados a los indios.

Surge así la geografía económica estadounidense de principios del siglo XX: una Costa del Atlántico comercial con los grandes puertos de Nueva York y Boston; un Nordeste  interior, junto con la zona de los Grandes Lagos, mayoritariamente industrial (Chicago, Philadelphia, Pittsburgh, Rochester, Cleveland, Detroit, etc.) ; un Medio Oeste (las Grandes Llanuras que se extienden hasta las Montañas Rocosas y las tierras áridas al otro lado de aquellas) de agricultura a grandísima escala, personificado en los inmensos campos del maíz de Iowa.

 En el  Noroeste en cambio predominar0n las  grandes explotaciones mineras y forestales  junto con inmensos espacios vacíos (Montana, Wyoming, Idaho). Más allá, donde terminaba el ferrocarril, una Costa del Pacífico de crecimiento mercantil y naval incluso superior a la Atlántica (California).

Finalmente:  un Sudoeste (Nebraska, Nuevo México, Texas, Oklahoma) base ganadera del país; y por último el Viejo Sur, curándose sus heridas de guerra y sumido en el estancamiento, con la única excepción de la afortunada Texas y su ganadería a gran escala (open range) que dio lugar al mito del cowboy.

El sector químico y petroquímico (Texas también tenía petróleo) es el que impulsó en mayor medida lo que se conoce como Segunda Revolución Industrial que empieza ahora, con una serie de características: sustitución del carbón por el petróleo y del hierro por el acero; aparición de productos sintéticos muy baratos, nunca vistos y con múltiples aplicaciones; y una organización del trabajo y de la empresa que se pretendía “racionalizada”. En todo ello estuvo a la cabeza Estados Unidos desde el primer momento, y así hacia 1880 o 1890 ya era la primera potencia económica mundial, puesto que no ha abandonado hasta ahora. Continuar leyendo ‘ESTADOS UNIDOS: EL GRAN BOOM’

28
ene
09

ESTADOS UNIDOS: LA POSGUERRA CIVIL

Enlazo este post de Historia con el anterior, donde comentaba un poco los motivos de la Guerra Civil americana de 1861-1865. El país no volvió  a ser el mismo nunca más, y de hecho el máximo héroe nacional Abraham Lincoln apenas sobrevivió unos meses a la Guerra: fue asesinado el Viernes Santo de 1865 por un “tirador solitario” ( por supuesto hay dudas sobre el alcance de las responsabilidades, aunque no tantas como con JFK), el resentido sureño John Wilkes Booth.

El país siguió adelante con el Segundo Gobierno Republicano que había nombrado Lincoln, dirigido ahora por Andrew Johnson. El Norte Vencedor se encontró con el problema urgente de la desmovilización de las tropas y la conversión de su Economía a una propia de tiempos de paz, pero a pesar de la moderación de Johnson, la dinámica social y política generada durante la Guerra hizo que el enfrentamiento persistiera.

El Sur podía estar destrozado y ser tratado como nación conquistada, pero los líderes que lo habían conducido hacia la secesión de ninguna forma estaban dispuestos a cooperar con los “republicanos negros”, “colaboracionistas”, y no digamos con la numerosísima población negra  ex- esclava, ahora ciudadana de pleno derecho de Estados Unidos (sólo desde 1863, pues Lincoln no se había decidido por la emancipación hasta que la lógica de la guerra no le obligó a ello).

En estas condiciones, el período presidencial de Johnson acabó sin grandes logros en la reconciliación de las dos naciones. Sólo el Oeste*, ahora abierto sin trabas a su pleno desarrollo, vivió una corta época de prosperidad, sobre todo mediante un tremendo boom de la construcción de ferrocarriles que en 1872 conseguiría por primera vez unir el Pacífico  y el Atlántico, San Francisco y Nueva York… De Costa a Costa el Cielo Azul, todo es posible en América… Continuar leyendo ‘ESTADOS UNIDOS: LA POSGUERRA CIVIL’

21
ene
09

ESTADOS UNIDOS: DOS NACIONES EN GUERRA

Que son la nación industrial, el Norte, y la nación esclavista, el Sur. Estamos en 1861 y lejos quedan todavía los días dorados de Obama y compañía. El país se ha visto arrastrado a una Guerra Civil (nosotros la llamamos a menudo Guerra de Secesión) que sólo terminará con la derrota total del Sur y su conquista por las tropas del Norte, a sangre y fuego, durante 4 largos años. Alrededor de 1 millón de muertos por el camino: la peor guerra en la Historia de los Estados Unidos*.

Es demasiado superficial ver la Guerra de Secesión como una guerra de liberación nacional de los negros esclavizados, conducida en nombre del supremo principio moral de la igualdad del hombre por el Presidente Lincoln y sus seguidores.

 Lo cierto es que a mí me parece más bien una guerra de dos naciones luchando por la hegemonía sobre un solo país… la más fuerte (el Norte) tratando de mantener unido el conjunto, la menos potente (el Sur), intentando afirmarse como Estado independiente. Y el camino que condujo a la guerra vino, no tanto por la imposible convivencia de esclavismo y trabajo libre en el país, que se había mantenido como principio durante 60 años sin demasiados problemas, sino por la entrada en el juego político de un tercer elemento que no estaba previsto al constituirse Estados Unidos, y que fue la gran semilla de la discordia: el Oeste. Continuar leyendo ‘ESTADOS UNIDOS: DOS NACIONES EN GUERRA’

14
ene
09

ESPAÑA Y EL MUNDO MODERNO

Hasta ahora he hablado más que nada de asuntos cercanos en el tiempo a nuestra época, la última vez de la más rabiosa actualidad. Sin embargo mi especialización es Historia Moderna, así que, en parte por arrimar el ascua a mi sardina y en parte por algunas peticiones de Uni, voy a decir algo sobre la Edad Moderna y el papel de España en la misma; muy en general, a la espera de que si queréis haga más tarde entradas de temas más concretos.

Lo primero ¿qué es la Edad Moderna? Pues hay muchas opiniones al respecto, sin contar con que el mundo latino y el anglosajón usan terminologías diferentes*. El criterio que prefiero seguir es considerar como “moderno” al mundo europeo o europeizado durante el largo período de transición entre la sociedad típicamente feudal y cristiana de la Edad Media y la típicamente burguesa, liberal y capitalista de la Edad Contemporánea.

Típicamente, claro, porque hay tantos casos atípicos que el tipo se convierte en simple convención. Como ejemplo muy extremo sin salir de Europa, se podría decir que la Edad Moderna acabó en Inglaterra hacia 1690 y en España no antes de 1850, en muchas zonas de nuestro país no antes de 1900.

Esa sería la fecha final del período, la inicial se puede poner en 1350 (la Peste Negra), 1400 (inicio del gran siglo del Renacimiento), 1453 (caída del Imperio Bizantino, último heredero de Roma), y, la más típica, 1492. Fecha del Descubrimiento de América, el Nuevo Mundo, por un (probablemente) genovés al servicio de los Reyes Católicos, Cristóbal Colón, descubrimiento realizado (probablemente) por error, al querer llegar a Oriente navegando hacia Occidente.

Dentro de ese contenedor de Historia, distinguiría varias fases:

1) Una Primera Edad Moderna, entre más o menos 1350 y 1530. Se caracteriza por una lenta reconstrucción del continente tras el desastre de la Depresión Bajomedieval, en todos los planos: político, económico, social y cultural. Es un período brillantísimo en este último aspecto, con lo mejor del movimiento cultural que llamamos Humanismo, nombre que prefiero respecto al de Renacimiento.

En España se caracteriza por la constitución de una red de alianzas políticas nobiliarias y de oligarquías urbanas que a largo plazo daría lugar a la creación de la Monarquía Hispánica por los Reyes Católicos y sus aliados. Así en la Península, y sobre todo en Castilla, el poder se centralizaba muy tempranamente y se dotaba de instrumentos que se revelarían formidables, como la Inquisición, un ejército revolucionario y una estupenda diplomacia.

2) Vendría después una Segunda Edad Moderna, más o menos entre 1530 y 1685. Está marcada por la división religiosa de Europa en torno a la Reforma Protestante que se tradujo en las llamadas Guerras de Religión. Políticamente es indiscutiblemente la era de la hegemonía hispánica, al menos hasta 1660, personificada en el enorme poder de la Casa de Habsburgo, los Austrias, y su Imperio en el que “nunca se ponía el Sol”. Las finanzas de ese Imperio dependían en mucho de la plata procedente de América, definitivamente organizada como tierra conquistada en la segunda mitad del siglo XVI. Continuar leyendo ‘ESPAÑA Y EL MUNDO MODERNO’

07
ene
09

LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA (Y 3)

Tras la primera paz de 1949, la posición de Israel parecía fortísima y la de sus vecinos árabes, muy débil; y así era en realidad, pues los años 50 y primeros 60 fueron una década de tremendas convulsiones en el mundo árabe, con revoluciones en Egipto, Siria,   Irak (que buscarían federarse sin éxito en  una República Árabe Unida) y Jordania: las tres primeras de carácter socialista-laico y nacionalista.

El conflicto palestino y la Guerra Fría eran el trasfondo de estos movimientos. A pesar de la derrota, el Movimiento Panárabe, desde 1954 encabezado por el Egipto de Nasser seguía teniendo como uno de sus principales objetivos la destrucción del Estado de Israel, ni más ni menos. Los refugiados palestinos…se consideraban un problema menor. Algo más grande estaba en juego.

Así en 1956 Egipto nacionalizó el Canal de Suez para afirmar su independencia… en el tablero internacional británicos y franceses respondieron para ser contenidos por EEUU primero y luego por la URSS, los dos grandes. Pero de nuevo estalló la Guerra en la región. Israel, sintiéndose amenazada y cada vez más parecida a una moderna Esparta (servicio militar y civil obligatorio para hombres Y mujeres) atacó a Egipto por Gaza y más al Sur por la península del Sinaí, conquistando con facilidad estas dos zonas, aunque las devolvió al firmarse una rápida paz. Las fronteras siguieron como antes, Israel siguió creciendo (2,4 millones de israelíes en 1964) y el movimiento propiamente palestino también, aunque repartido entre diversos países como comenté.

Pero la nueva derrota llevó a las revoluciones citadas más arriba; todas triunfaron excepto la de Jordania, donde la monarquía de los hachemíes se mantuvo jugando inteligentemente al panarabismo y a llevarse bien con Occidente, al mismo tiempo. En 1963 Israel seguía rodeado de potencias árabes hostiles; a Egipto y Siria se unía ahora el nuevo Irak. Otros países musulmanes intentaban mediar, como Túnez en 1965 (sin éxito), o se mantenían al margen del conflicto bajo la prosperidad del petróleo,  los petro-dólares y los petro-jeques: Arabia Saudí, Kuwait y demás familia. Continuar leyendo ‘LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA (Y 3)’

07
ene
09

LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA ( 2 )

Situémonos ahora en el primer tercio del siglo XX, más o menos. Al terminar el siglo XIX, los judíos viven su gran drama de resonancia mundial con el caso Dreyfus en Francia; las perspectivas de emancipación y plena integración en las sociedades liberales europeas parecen desvanecerse; la situación en EEUU es mucho mejor, pero ello no impide la aparición de un Movimiento Sionista y un Congreso Judío Internacional, uno de cuyos principales objetivos va a ser afirmar la nación judía con su cultura propia (en gran parte, fabricada a base de un mix de elementos religiosos arcaicos y filosóficos modernos) y, quizás, con su Estado propio en el futuro.

Por su parte, en Oriente Medio (cada vez se usaba más este término, ya que el Próximo Oriente se empezaba a aplicar a las actuales Turquía, Yugoslavia, Grecia, Rumanía, Ucrania… lo hemos superado??) el Imperio Británico vive su gran momento de esplendor: en 1909, se calcula que abarcaba entre un 20-25% de la población y territorio mundiales. Francia no se queda muy atrás y no digamos Rusia… el mundo occidental y específicamente Europa nunca pareció más fuerte que en este momento.

Pero ahora sabemos que eso era el ocaso… 5 años después estallaba la Guerra y los pueblos coloniales no iban a dejar escapar la oportunidad; en concreto, los representantes sionistas Y los árabes de Transjordania (hoy Jordania) obtuvieron promesas de los británicos de la construcción de UN Estado independiente, en el MISMO Territorio: Palestina. Continuar leyendo ‘LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA ( 2 )’

07
ene
09

LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA (1).

Desde la última vez que comentamos el asunto, la situación de la Guerra de Gaza ha variado de forma importante: ya está en marcha la operación de invasión terrestre por parte del ejército israelí, aunque los bombardeos no se han detenido. ¿Hasta dónde llegará Israel? Hasta donde le dejen probablemente; y Obama puede seguir haciéndose el loco otros 13 días, los que le quedan hasta su toma de posesión.

Pero esta entrada es para volver hacia atrás en el tiempo e intentar situar el conflicto actual en el contexto de uno muchísimo más largo, que he bautizado como Guerra de los Sesenta Años: es el tiempo que tiene de existencia oficial el Estado de Israel , y este reconocimiento diplomático (1948) fue el pistoletazo de salida para el inicio de las guerras en la región, aunque había una situación bélica latente desde unos veinte años antes. Continuar leyendo ‘LA GUERRA DE LOS SESENTA AÑOS… Y LO QUE QUEDA (1).’

02
dic
08

China, II: “Dejad que crezcan cien flores”

Esa frase tan poética es una de las atribuidas a Mao Zedong durante su etapa de líder indiscutible de la nueva China surgida en 1949, como hemos visto en la entrada anterior. Se refiere a algo muy pragmático: la mejora a gran escala de la formación universitaria del país y la apertura del Gobierno a los frutos del talento (las “cien flores”) de los intelectuales, artistas y científicos chinos.

Fue una de las primeras consignas de Mao: apertura. Apertura hacia la URSS, el otro gran país comunista de la época, que le proporcionó una valiosa ayuda; apertura hacia los países del entorno, apoyando en la Indochina todavía francesa a los movimientos pro-independencia; y apertura hacia su zona de influencia más evidente: la península de Corea.

Así, China participó del lado del Gobierno (comunista) del Norte de Corea en la guerra contra el gobierno prooccidental de Seúl, en el Sur, que contó con la ayuda directa de los Estados Unidos. La URSS se abstuvo de intervenir pero el conflicto acabó al final en tablas, con el armisticio de Panmunjon (1953), que separó hasta el día de hoy a Corea en dos Estados, el del Norte dirigido por Kim Il Sung, comunista y bajo la protección china, para lo que aquí interesa.

Mientras, en el interior, el Gobierno emprendió una inmensa campaña de alfabetización de la población (nada fácil si echáis una ojeada al alfabeto chino, incluso al “normalizado” de hoy en día) y asumió otros rasgos típicos del estalinismo: la conversión de la agricultura en plantaciones propiedad del Estado, presuntamente para su mayor eficiencia; y la burocratización y militarización a gran escala que permitieran el control más estrecho de la población. Todo ello acompañado de un nada disimulado culto a la personalidad del líder, el Gran Timonel de la Revolución, el nuevo Confucio, con los característicos retratos y estatuas gigantescos dispersos por toda China.

Hacia 1956, Mao debió de sentirse lo suficientemente fuerte como para lanzar otro de sus grandes slogans: “Cien años en un día”. En una confusa mezcla de ideas religioso-místicas, tradiciones chinas y retórica comunista, el Líder planteaba que la simple Voluntad del pueblo chino conseguiría multiplicar, mediante un trabajo perfectamente coordinado y continuado, la producción industrial del país hasta igualarla, en pocos años, con la URSS o los países de Europa Occidental. Se trataba de dar el Gran Salto Hacia Adelante.

Planteada como una cuestión de vida o muerte, este experimento utópico parece que llegó a duplicar o triplicar la producción artesanal de acero chino en los dos primeros años; pero la absoluta irracionalidad y el descontrol o desprecio de los cultivos agrícolas (que quedaban abandonados) y en general de la vida humana provocaron una catástrofe. En los años 1959-1960 se produjo la mayor hambruna registrada en el Mundo en todo el siglo XX: murieron entre treinta y cuarenta millones  de personas, sólo en ese corto período.

Mao y su Comité Central del Partido, ignorantes o más probablemente indiferentes a esta realidad, reprimieron todo tipo de protestas, reprodujeron en China las purgas estalinistas y convirtieron al país en la fortaleza hermética que fue hasta por lo menos la década de los 90. 

En 1959 sofocaron una rebelión en el Tíbet, que habían ocupado en 1950, haciendo exiliarse hasta hoy en la India al Dalai Lama. En 1962 rompían relaciones con la URSS de Kruschev, declarándose “verdaderos intérpretes de las doctrinas marxistas-leninistas”. En 1967 China entró en el selecto y triste club de las potencia atómicas, dedicándose en los años siguientes a jugar una peligrosa partida diplomática a tres bandas con los soviéticos y los Estados Unidos del muy maquiavélico Henry Kissinger (“el enemigo de mi enemigo es mi amigo…” Y para demostrar su pureza doctrinal, en 1966 el Gran Timonel lanzó su último y quizá más trágico Mensaje: se iniciaba la “Gran Revolución Cultural Proletaria“, normalmente conocida como La Revolución Cultural.

No sabemos muy bien qué ocurrió en los diez años de la Revolución, hasta la muerte de Mao en 1976. Básicamente la idea consistía ahora en convertir al pueblo chino en un solo sujeto proletario… acabando con la educación superior  y (casi) con la vida urbana y “reeducando” a todos los sospechosos de “burgueses” en el ejército o en campos especiales de concentración.

Era una pasada de tal calibre que enseguida Mao encontró oposición en la cúpula del Partido, de la que salieron algunas figuras importantes, pero la situación se salvó para el ya anciano Presidente gracias a la aparición de un movimiento ultramaoísta de jóvenes “guardias rojos”, dispuestos a defender las esencias de la revolución hasta la muerte. La misma intención tenía lo que se conoce como “Banda de los Cuatro” (ya veis que en China todo tiene nombre poético, hasta lo más oscuro), encabezada por la viuda de Mao, que fracasó en su golpe de Estado a la muerte de Mao Zedong en 1976.

Se cerraba toda una etapa de la Historia de China, pero, aparte del control absoluto por parte de Partido y Ejército de la vida política y social del país, poco había logrado la Revolución en términos de desarrollo económico y social. Los líderes post-maoístas han sido esencialmente pragmáticos y se han ocupado prioritariamente de estos aspectos, sin descuidar la represión cuando ha sido necesaria, y con escasas apariciones en la escena internacional.

El más destacado de estos líderes es sin duda Deng-xiao-Ping, el Pequeño Timonel, hombre de tan pequeña estatura como extraordinaria capacidad para la supervivencia política. Siempre a la sombra de Mao, en 1977 se hizo con el poder desbancando a otros posibles sucesores sin dudar en el uso de la violencia, y desde entonces se convirtió en el nuevo Gran Líder, no menos poderoso que Mao pero más discreto, hasta su muerte en 1993.

Deng inventó la famosa frase “un país, dos sistemas“, que dio carta de legalidad a un capitalismo “a la china” o a un “socialismo con características chinas”, que vienen  a ser dos versiones de lo mismo: capitalismo controlado y cliente del estado, pero capitalismo.

Excepto en los aspectos políticos y sociales, China había dejado de ser comunista a la muerte de Deng, cuando su auténtico “Gran Salto” (crecer al 10% anual) apenas había comenzado. Pero el Gobierno sigue ejerciendo un férreo control, y los estudiantes supervivientes de la matanza de la plaza de Tiananmen (1989 ,significa “Paz Celestial”) lo pueden atestiguar.

Pero al lado de los rascacielos de Shanghai o la recuperada Hong-Kong, o de los fastos de Pekín 2008, o de las actuaciones del ídolo nacional Yao Ming con los Rockets, ¿qué importa la destrucción de los valores tradicionales de solidaridad y moderación, entre otros, de la cultura china? El capitalismo a la china ha traído beneficios y hasta es un ejemplo para Occidente.

Sólo los ancianos comienzan a tener sus dudas, junto con los campesinos que siguen viviendo, en gran parte, en una pobreza extrema; o los fracasados en el ultracompetitivo mundo de las ciudades o de la burocracia del Gran Dragón que, al fin, ha despertado, pero no sabemos aún hacia dónde volará.

15
nov
08

LA REVOLUCIÓN CHINA (I)

Puede que este título no sea el más adecuado para la chapa que os voy a meter a continuación, pero así cierro el ciclo de entradas “revolucionarias”, con lo ocurrido en China desde 1911 hasta casi hoy.

China es hoy ante todo el país más poblado del Mundo si es que los indios no les han cogido ya, que podría ser: tiene ¿1300? ¿1500? ¿1600? millones de habitantes? Ni ellos mismos lo saben con certeza.

 Lo que interesa recalcar es que según todos los indicios siempre desde que hay memoria ha tenido esta condición, en términos proporcionales. Una población además muy desigualmente repartida por el inmenso territorio del antiguo Imperio, y también extremadamente dividida en las categorías de campesino (la gran mayoría de chinos, tradicionalmente) y habitante de las ciudades, más numerosas, geográficamente, en el Sur y Este del país, con la importante excepción de Pekín que está al Noreste.

Sugiero la idea de que lo ocurrido en el siglo XX chino sólo es una revolución si se contemplan los hechos más superficiales: la implantación del Gobierno Comunista, la industrialización acelerada, pero muy tardía dentro del proceso revolucionario, del país, la urbanización cada vez más acentuada pero que sigue a día de hoy sin completarse…

Sugiero que hay mucha más tradición y pervivencia en la China contemporánea de la que pueda pensarse: en la continuidad de una enorme masa campesina con la que literalmente los jefazos de Pekín no saben qué hacer; en su riquísima cultura milenaria, algo de la cual vimos en la ceremonia de apertura de los Juegos de este año (una cultura cada vez más mezclada con elementos occidentales o de los más “avanzados” Hong-Kong y Taiwan, sin embargo) pero fundamentalmente pervive un ORDEN CÓSMICO, un ORDEN CÍCLICO.

La Historia de la China Imperial, como la del Egipto Faraónico, se estructura en una serie de períodos de paz, buen gobierno y expansión, identificados con diversas dinastías- en este caso Tang, Ming, Ching (que dio nombre al país para los occidentales, etc) interrumpidos periódicamente por otros de anarquía, guerra civil o exterior, destrucción, pobreza, caos. Todo ello en un ciclo continuado por toda la Eternidad y querido por el Cielo, que rige el panteón religioso tradicional chino.

La pervivencia del gobierno del Partido Comunista en la China de hoy puede ser entendida, en cierto sentido, y le tomo prestada la idea al gran Eric J. Hobsbawm, como un período de orden y estabilidad que se extiende desde 1949 hasta la actualidad, tras el período de anarquía que siguió a la caída del Último Emperador y de la Dinastía Manchú en 1911. Puede que en la mentalidad colectiva china esa especie de mística del orden, la disciplina y la jerarquía expliquen en parte el éxito, con todos sus virajes y totalitarismo (¿pero China ha conocido gobiernos no-totalitarios? podríamos preguntarnos) de los comunistas en el poder.

El icono máximo de la Revolución tenía sólo 18 años cuando se produjo la caída del Imperio, y debemos pronunciar su nombre como Mao Zedong (1893-1976). Era de orígenes campesinos, lo que contribuiría a su popularidad posterior entre estos, aunque bastante instruido para los estándares de la época. En el período de fragmentación y desorden que siguió a 1911, el joven Mao debió de ser uno de tantos otros líderes de sociedades secretas campesinas, grupos que mezclaban bandidaje, aventura, y cierta mística de grupo, dentro de unos confines territoriales muy estrechos.

En el que había sido centro del poder, un montón de caudillos militares se disputaban, aliándose entre ellos y antes de 1914 con los occidentales, los pedazos del Imperio para construir sus propios feudos. Esta época que dura hasta 1931 aproximadamente es muy oscura y complicada. Sólo comentaré que en la ciudad de Nanjing (Nankín para nosotros) un grupo de profesionales liberales, en todos los sentidos de esa palabra, dieron forma al primer partido político chino, o más bien movimiento, para la unificación nacional: el Kuomintang (Partido Nacionalista), liderado por la gran figura de esta primera década (hasta 1921), Sun-Yat-Sen (pronúnciese como se quiera).

Sun fundó la República de China, de la que se autoproclamó Presidente, y con la promesa de ayuda occidental se propuso reconquistar el territorio para su Gobierno. Al igual que con Lenin, una serie de complicaciones como la Revolución Rusa de 1917, la Primera Guerra Mundial y el surgimiento de los primeros grupos comunistas chinos, complicaron extraordinariamente su labor y en 1925 moría prematuramente, dejando el poder a uno de los caudillos miltares que se le habían unido, el joven y brillante General Chiang-kai-Shek (que lo pronuncie bien su tía).

Chiang es a su vez a la gran figura de la década de 1920, afianzando el poder del Kuomintang en el sur de China y extendiéndolo cada vez más hacia el Norte. Frente a las inclinaciones pro-rusas de Sun, Chiang parece que pronto se convirtió en un decidido anticomunista: en 1927 mandaba ilegalizar al partido ya entonces dominado por un más adulto y experimentado Mao y en 1934 les infligía una durísima derrota militar obligando al grupo comunista a huir a un remoto rincón.

Parecía que Chiang y el Kuomintang tenían todas las cartas en la mano; pero su conquista final de Pekín y la mitad norte del territorio chino quedó cortada por la invasión japonesa de Manchuria en 1931. Lenta, pero implacablemente, los japoneses fueron extendiendo su dominio del Continente desde sus islas, proclamando la instauración de la “Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental”, eufemismo para designar al gran Imperio del Sol Naciente en su máximo esplendor y convencido de su destino genético de pueblo-guía de Oriente.

El Kuomintang y la República pasaron a la defensiva muy pronto; hacia 1937 Chiang tuvo que volver a ponerse su antiguo uniforme y dirigir el país desde la tienda de campaña y no desde el despacho, mientras los comunistas resurgían de sus cenizas en teórica colaboración con su gobierno. Mao se proclamaba ahora ya decididamente marxista-estalinista, aunque parece que su formación en las doctrinas proletarias era escasa. Deseaba la ayuda de la URSS como Chiang la de los Estados Unidos. Sería éste último el que ganaría en la partida exterior, pero Mao en la interior.

Efectivamente, el ahora conocido como Gran Timonel, por su estatura y su indiscutible jefatura, aprendió magistralmente la táctica de la guerra de guerrillas (a él se le atribuye la frase: “el Campo rodea a la Ciudad“) tanto contra los japoneses, cada vez más concentrados en sus bases urbanas, e incluso contra el Kuomintang al que informalmente obedecían. Al consumarse la derrota japonesa por mano de USA y de la bomba atómica, pero también por la resistencia china, indochina o indonesia (comunista o no) Mao estaba por primera vez en posición de derrotar a su rival de dos décadas.

La terrible guerra civil de 1945-1949 entre comunistas y Kuomintang dejó al país tan exhausto que quizás estaba dispuesto a aceptar cualquier forma de gobierno estable tras 38 años de anarquía. Con ayuda americana y la Guerra Fría en marcha, Chiang y sus seguidores consiguieron huir en 1949 a Taiwan, donde siguen gobernando (no Chiang mismo, claro) y mantienen la denominación oficial del país, no reconocido internacionalmente a todos los efectos, como REPÚBLICA DE CHINA. Mientras, los victoriosos maoístas levantaron la bandera roja con las estrellas amarillas en Pekín y proclamaron la República POPULAR China.

El camino posterior no quedaba muy claro, aunque parecía que debía pasar obligatoriamente por la colaboración de la URSS de Stalin. Sólo por pocos años iba a ser así, sorprendentemente… pero esto lo dejo para otra entrada, que esta me parece ya ha quedado MUY larga.




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