Archive for the 'HISTORIA' Category



21
Oct
08

LA REVOLUCIÓN RUSA

En respuesta a la petición del compañero leonelreo, y confiando en que os interese. Perdonad los posibles errores, es tema de cansancio. Se lo dejo a la masa crítica…

 

Situémonos en la Rusia que entraba en el siglo XX. Un país inmenso, con fronteras al Oeste con Alemania y al Este con Japón!!! Era el “Centinela de Oriente”, en el sentido de que el imperio de los zares tenía encomendada la misión inmemorial de defender y expandir  la Cristiandad y la Civilización (que se consideraban como lo mismo) de los bárbaros de las estepas asiáticas, del Cáucaso y, más allá, de Mongolia e incluso de Japón.

Este Centinela miraba sin embargo sistemáticamente hacia Occidente, y ello quizás porque se consideraba un hermano pobre e inculto en comparación con la Europa Occidental próspera, pacífica, civilizada, industrializada… e imperialista.

En 1904-05 el gobierno del Zar Nicolás II sufrió un revés importantísimo: se enfrentó en el Pacífico a su extraño vecino del Este, el Imperio del Sol Naciente, y fue derrotado estrepitosamente. El resultado de la guerra ruso-japonesa puso rapidámente el prestigio y la estabilidad del régimen contra las cuerdas: se oyó ruido de sables porque el Ejército, el principal sostén del Gobierno autocrático de Nicolás y su Corte, no quería salir como principal perjudicado de la crisis.

Un motín de los marineros del puerto de Odessa en 1905, reflejado de forma extraordinaria en la película El Acorazado Potemkin, fue inmediatamente acompañado de otras pequeñas revueltas en las principales ciudades de Rusia, como San Petersburgo, donde uno de los mayores líderes fue un joven judío socialista, Lev Davidovich Bronstein, más conocido como Leon Trotski.

Pero el campo ruso, cuna del 90% del total de la  población que vivía en condiciones durísimas de servidumbre y sin acceso apenas a la propiedad de la tierra, apenas se movió. Su exigencia, que siempre repetirían en los años siguientes, era el reparto de la tierra a las comunidades campesinas y la desposesión de los aristócratas.

Durante los años posteriores el Gobierno del Zar trató de realizar una serie de reformas limitadas, convocando una Duma (Asamblea de Notables) como medida cuasi-cosmética. Tampoco tenía demasiado que temer de la oposición (no existía nada ni parecido a un Partido Liberal, menos todavía un Partido Agrario) como se ha visto, mientras que el Ejército conservara su fidelidad.

Pero Rusia se alió, dentro del complicado juego de la política internacional, con las potencias liberales frente a los grandes Imperios, lo que puede parecer algo antinatural. Se formó la Triple Entente (Rusia-Francia-Gran Bretaña) frente a la coalición del II Reich Alemán, el Imperio de los Habsburgo (Austria-Hungría) y posteriormente Turquía. Rusia tenía razones estratégicas para arrebatar territorios en la guerra que se acercaba a sus tres oponentes, y así restaurar su prestigio.

La Gran Guerra (Primera Guerra Mundial para la posteridad) comenzó en 1914 y los planes zaristas se vinieron abajo con rapidez. El Ejército se movilizó en números nunca vistos antes, y dirigido por aristócratas pero con una enorme masa de oficiales y soldados rasos campesinos. El tremendo esfuerzo de guerra destrozó a todos los combatientes, pero a Rusia la lanzó hacia la Revolución, gradualmente.

En Octubre de 1917 los frentes de guerra estaban estabilizados, pero los rusos habían tenido que ceder ante el terrible empuje alemán desde Polonia y estaban a la defensiva. La situación de la capital San Petersburgo, en la orilla Este del Golfo de Finlandia, era especialmente crítica, pues en cualquier momento podía ser ocupada por los alemanes.

Una huelga en la capital que acabó en revuelta general  encendió la mecha definitiva. Tras tres días de lucha, el Palacio de Invierno fue tomado por una muchedumbre todavía no encuadrada ante la pasividad de un Ejército que había decidido sacrificar al Zar para hacerse con el control de la situación.

Pero el Ejército estaba en su mayoría en campaña y fuera de control; dentro del mismo se habían comenzado a formar Comités revolucionarios que esperaban el fin de la guerra, la vuelta a su país, el reparto de la tierra y un gobierno justo que acabara con el predominio de la aristocracia. Estos comités fueron llamados Soviéts.

Junto a los soviets del Ejército crecieron (“como setas en la lluvia”, se dijo) soviets de campesinos que esperaban igualmente tener alguna voz en el futuro del país y empezaron a ocupar las tierras por su cuenta.

Ese futuro del “país de los soviets” se presentaba sumamente incierto. El próximo Gobierno podía caer tan rápido como el del Zar, que ya había sido ejecutado junto con toda su familia. Una coalición de pequeños grupos comunistas (bolcheviques y mencheviques) y populistas (narodniks) instaló un Gobierno revolucionario que rápidamente tomó medidas drásticas: la primera de todas, firmar la paz con los alemanes en el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918). Un Tratado con muy duras condiciones que certificaba la derrota rusa y pérdida de territorios, pero que permitía  los soldados regresar a casa.

Esta medida fue muy popular, como también la rápida confiscación de los bienes de la aristocracia y su total exclusión del poder político. La Revolución entraba en una segunda fase (1918-1921) en la que iba a tener que aguantar carros y carretas. El Gobierno debía hacerse con el control del país para que éste no se convirtiese, como parecía probable, en un inmenso conjunto de feudos militares. Pero los contrarrevolucionarios, apoyados por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, desencadenaron una guerra civil que iba a devastar el país más de lo que ya lo estaba, entre 1918 y 1920.

Trotski como comisario de Guerra desempeñó un papel fundamental en la victoria comunista (desde 1919 se abandonó cualquier sistema electoral liberal o democrático en la nueva Unión Soviética para pasar a un régimen de partido único, el PCUS), pero el verdadero cerebro de las operaciones fue el máximo dirigente de la intelligentsia bolchevique, el intelectual marxista Vladímir Ilich Ulianov, Lenin.

A Lenin se deben las mejores obras literarias y propagandísticas de este período, y también la organización de una economía de guerra durísima para que la Rusia Roja se impusiera a la Rusia Blanca. Él fue el principal responsable de las depuraciones consiguientes, pero también de los planes de reindustrialización y reforma económica del país que comenzaron una vez terminada la Guerra Civil, en 1921.

Había dos líneas de pensamiento sobre el tema económico. La preconizada por Nikolái Bujarin, el principal consejero económico de Lenin, apostaba por un modelo de avance gradual hacia una economía mixta capitalista-socialista (no existía ni burguesía ni proletariado industrial en la URSS dignos de mención en aquel momento), previa al salto definitivo hacia la construcción de la Nueva Sociedad. 

La otra línea sostenía que no habiendo capitalismo en Rusia, la Revolución debía concentrarse en construir el socialismo soviético, con la economía rígidamente controlada por el Estado, inmediatamente. El líder de esta segunda facción era el Comisario para las Nacionalidades, un georgiano llamado Jósif Vissarianovich Djugashvilli, pero que había asumido el nombre de “El Hombre de Hierro”, en ruso Stalin.

En un primer momento triunfó la primera tesis, traducida en la NEP (Nueva Política Económica) que Rusia aplicó sin demasiado éxito hasta 1926 aproximadamente. Esta línea implicaba una mayor apertura política y económica hacia el exterior, que la facción trotskista deseaba ardientemente para extender la Revolución a todo el mundo. Miraban a Alemania, a Hungría, a Checoslovaquia, países cercanos e industrializados que podían ser ganados para la Causa de la (III) Internacional.

Pero el comunismo no iba a lograr instaurarse en esta fase fuera de la URSS, a pesar de intentos socialistas de tomar el poder, entre 1919 y 1923, en países tan diferentes y alejados como España, México, Brasil o China.

Lenin sufrió además un ataque de parálisis en 1922, lo que privó a la Revolución de su indiscutible líder (moriría en 1924) y dejó una incertidumbre sobre su herencia, que habría de definirse entre los internacionalistas de Trotski y los precursores del impulso hacia un comunismo autoritario y una industrialización salvaje a costa de cualquier esfuerzo, que era la tesis del “Hombre de Hierro”.

Parece que Lenin, sorprendentemente (¿o no?) se habría inclinado en el último momento por que le sucediera Stalin. Sea como fuere, los años 1924-28 vieron una nueva situación de caos que terminó con la victoria de los estalinistas, la entronización del Nuevo Jefe, las primeras purgas que éste hizo célebres… y la huida de Trotski (asesinado en México en 1941por un agente español al servicio de la URSS) y sus partidarios, los últimos astros, por el momento, de la causa de la Revolución Mundial.

Empezaba la era estalinista, la del “Socialismo en un solo país”. La URSS con sus planes quinquenales, su férrea dirección política, sus purgas periódicas de disidentes y su culto a la personalidad, se convertía en el único modelo mundial de la Nueva Sociedad. Desde 1944, el modelo iba a triunfar y sería exportado exactamente así… contra los deseos de Stalin, al parecer.

13
Oct
08

LA REPÚBLICA DE LA VIRTUD Y EL INCORRUPTIBLE

Casi todo el mundo sabe que la Revolución Francesa se inició en el verano del año 1789 con una serie de disturbios en París, en otras ciudades francesas, así como en el campo,y finalmente en la propia residencia real del palacio de Versalles. El 14 de Julio un numeroso grupo tomó al asalto la antigua cárcel política de la Bastilla de forma poco gloriosa, pues había sido abandonada y sólo quedaban cuatro ocupantes, inválidos física o mentalmente para escapar. Pero, los que asaltaron la Bastilla buscaban ante todo armas.

Armas, porque la guerra civil casi ininterrumpida en la que vivió Francia a partir de ese momento, y que con el tiempo arrastraría a toda Europa a un terrible período bélico entre 1792 y 1815, esa guerra se luchó en la calle.

 Fue la primera guerra revolucionaria, la primera guerra por una ideología política (no la primera por ideologías, las guerras de religión habían sido de este tipo),y una de las primeras guerras que pueden ser incluidas en el triste catálogo de GUERRAS TOTALES. Que este capítulo sea considerado unánimemente como la puerta de entrada a la época histórica que hoy vivimos puede responder en parte a la pregunta de Jordi: “¿De dónde venimos?”

Maximilien de Robespierre (1758-1794) sí que tenía muy clara la respuesta a la siguiente pregunta: “¿A dónde vamos?” Procedente de la ciudad de Arras, se presentó a las elecciones a los Estados Generales (Parlamento) franceses de 1789, previstas en principio como una mera farsa para que el Rey y sus ministros consiguieran los subsidios para la Hacienda que necesitaban desesperadamente. La jugada fue un gravísimo error político para los partidarios de la monarquía absoluta tradicional, pues permitió a todas las fuerzas partidarias del constitucionalismo y el liberalismo unirse para dar un auténtico golpe de Estado, constituirse en Asamblea y proclamar los Derechos del Hombre.

La revolución nacía así incruenta y con una declaración de importancia excepcional para la Historia humana. Pero el complicadísimo juego político de la época, con unos revolucionarios sumamente divididos y unos contrarrevolucionarios dispuestos a dar el contragolpe a la primera oportunidad, determinaron el curso sangriento de lo que ocurrió a continuación. En medio de una gran crisis económica y social y con el país en guerra con media Europa desde 1792, la posición de Luis XVI como Rey Constitucional de Francia se hizo cada vez más insostenible.

En este contexto, en los clubes y sociedades secretas de París y otras ciudades, donde se hacía la verdadera política (otra innovación que parece que continúa hasta hoy :P) comenzó a triunfar la tesis de la república clásica y del republicanismo. En una situación límite, sólo una nueva revolución que transformara Francia en una República y a todos sus patriotas en ciudadanos virtuosos entregados al servicio de la Patria (a la manera de la República Romana y sus ciudadanos-soldados), podía salvar al país. La distinción entre civil y militar iba a quedar borrada a efectos de planificación de la guerra, y es el primer principio básico de la Guerra Total.

Así ocurrió que la facción que Robespierre había llegado a encabezar, los jacobinos, aliada con otra de tipo menos radical, los girondinos, y con las masas de París, derrocó a Luis XVI, lo capturó cuando intentaba huir en el verano de 1792 y proclamó el nacimiento de la República y de una Nueva Era para la Humanidad. A partir de esa fecha se contarían el año I, II, y asi sucesivamente. Todo lo que recordara al antiguo orden: cristianismo, trono, simbolos monárquicos, sería suprimido y reemplazado por nombres de meses, de edificios y hasta de niños convenientemente republicanos y virtuosos. La República de la Virtud había nacido.

La Constitución de 1793, o Constitución del Año I, extendía considerablemente la declaración de derechos pero al mismo tiempo los limitaba, al conceder a la Asamblea Nacional, máximo y único órgano de poder del Estado, poderes extraordinarios. Como medio de asegurar la limpieza de la República, su buen funcionamiento se encomendó al llamado Comité de Salud Pública, el verdadero gobierno de la Revolución en esta etapa, que presidía nuestro personaje, Robespierre.

El Comité inmediatamente utilizó sus poderes especiales para imponer mano dura en la dirección de la política interior y exterior francesa. Centralizó hasta donde le fue posible la economía, la organizó como una economía de guerra, y de la misma forma trató a los ciudadanos. Los sospechosos de deslealtad a la República podían ser ejecutados con juicio sumarísimo o sin él, incluso. Se cuenta que algunos de los que luego se llamarían “carniceros” o “terroristas”, tiraban a hombres, mujeres y niños al río para que se ahogaran todos y así ahorrar tiempo. Horrible. Una de las frases más conocidas de esta etapa es, “Lyon, il n´y a pas dejà”, “Lyon ya no existe”, que fue lo que respondió un “terrorista” cuando le pidieron un informe sobre su campaña en esta ciudad.

Robespierre recibía informes como los del Holocausto de Lyon y no sabemos cómo reaccionaría ante el Terror que se estaba desatando; parece que una vez que escapó a su control y que la lógica de la brutalidad, la traición y la venganza se apoderaron de la Revolución, el Presidente utilizó esas mismas armas contra sus principales adversarios políticos, acusándoles del pecado mortal: faltar a la virtud republicana, especialmente en la gestión de los fondos públicos (estas cosas no cambian) ser enemigos del Estado, y por tanto, guillotinarlos.

El propio Rey Luis XVI pasó por la guillotina en Enero de 1793, y la Reina María Antonieta le seguiría un año más tarde. Para que nos hagamos una idea de lo que fue el Terror basta con decir que en los 5-6 meses que duró se calcula que fueros asesinadas por motivos políticos unas 45.000 personas.

El Terror acabaría volviéndose contra Robespierre, ahora conocido como El Incorruptible porque el NO metía la mano en la caja, pero mientras duró nuestro personaje alcanzó sus más altas cimas de poder y prestigio: Presidente de la Asamblea Nacional, el Dictador de Francia pudo ver realizado en parte su gran sueño de una Nueva Religión Republicana y un Nuevo Culto, en torno a la figura del Ser Supremo, un vago concepto de tipo deísta pero ya no cristiano, sino RACIONAL, y de sus “santos”, los grandes pensadores, y el primero de entre ellos el “divino” Jean-Jacques Rousseau, por el que Robespierre sentía una especie de adoración.

Todo ello acabaría cuando Robespierre atacó a su círculo más cercano en el verano de 1794, con Francia hecha trizas por el Terror y en graves dificultades en el frente bélico europeo. Acusó de corrupción y deslealtad a los líderes de las masas de París, los sans-culottes, luego a su mayor rival Danton, y el 27 de Julio de 1794 en su último discurso ante la Asamblea dejó caer que en la próxima sesión anunciaría nuevos nombres de traidores.

Esa sesión nunca se produjo. La noche del 27 de Julio la aterrorizada Asamblea votó la destitución de Robespierre y su condena a muerte como enemigo del Estado (irónico). Fue detenido inmediatamente y ejecutado sin juicio al día siguiente, el 9 de Termidor del año II, 28 de Julio de 1794.

El Terror no se iba a detener con la ejecución del Incorruptible, pero Francia iba a sobrevivir y en gran parte gracias al potencial revolucionario de sus ideas y de los ejércitos que victoriosos las expandían por Europa y el mundo. Un joven General, la nueva estrella del Ejército Francés, daría el golpe de gracia a la República en el año 1799,  18 de Brumario del año VII, al hacerse con el poder mediante un nuevo golpe. Su nombre era Napoleón Bonaparte, y, una vez consumada su pacificación iba a afirmar, en 1800 (año VIII claro): “La Révolution, c´est fini“. En realidad no había hecho más que comenzar y nos iba a lanzar hacia un nuevo mundo, el mundo en el que nacimos.

15
Jul
08

RELIGIONES EN LA HISTORIA

Escribo esta entrada a petición del compañero leonelreo dentro de este “consultorio de Historia”. Voy a intentar no tirarme mucho el rollo en un tema que me apasiona e ir de momento a lo esencial.

Según la mayor parte de los historiadores de la sociedad y la cultura, la religión en cualquiera de sus formas siempre ha tenido la función de facilitar el orden y la estabilidad, tanto a nivel individual como colectivo. Esta sería una explicación funcional del origen de las religiones. Las encontraríamos ya en el misterioso arte del Paleolítico Superior Europeo, en esas Cuevas de Altamira por ejemplo; un arte que muchos prehistoriadores han considerado como, en todo o en parte, de significado religioso.

Si ahora buscamos una evolución hacia formas cada vez más complejas de religión, otra de las tesis favoritas de mis colegas los antropólogos, parece que nos encontramos con que en el Principio fue el animismo, o creencia en el carácter trascendente, espiritual, del mundo que nos rodea, con múltiples manifestaciones con las cuales se podría entrar en contacto mediante ciertos trances o a través de personas con algún don especial.

La superación del animismo vendría con la llegada a la sociedad humana del carácter trascendente del propio Hombre y de su colocación en el centro de una explicación completa, y compleja, del mundo que le rodea y de su evolución. Observamos entonces que las vagas fuerzas espirituales del animismo se humanizan y se transforman en seres bien caracterizados que rigen, casi siempre en un reflejo de la propia organización política (que suelen legitimar) los destinos del Universo.

Digo Seres y no Ser porque estas religiones admiten como principio básico la existencia de multitud de Dioses; ya sean las religiones mesopotámicas, la egipcia o la griega y la romana, las que mejor conocemos de la Antiguedad, todas ellas cuentan con un Panteón de Seres Superiores muy nutrido. Ello no implica en absoluto que no se pueda reconocer la superioridad de alguno de ellos, como Zeus Olímpico o las distintas encarnaciones del Faraón Egipcio.

Por las manifestaciones, de nuevo artísticas y ahora también literarias, de que disponemos, se observa que estas religiones politeístas siguen siendo básicas para la vida de las sociedades en las que se implantaron. Los egipcios o los griegos tenían un dios prácticamente para casi todo, si de nuevo nos vamos a la explicación funcional. No obstante, y a grandes rasgos, se va observando una división de las religiones en dos ramas: tienen una función de expresión del orden terrestre y legitimación del mismo y de sus aspiraciones (caso de Ra o Amón en Egipto, del Olimpo griego, de la Tríada Capitolina Romana), pero, también, y ahora llego al Cristianismo, una función de dar sentido a la existencia individual y ofrecer una aspiración a la eternidad para la parte espiritual del hombre.

El punto que se señala como clave en la evolución histórica sería aquel en que las religiones se especializaron definitivamente, y la función legitimadora y la función, digamos, de salvación personal, quedaron cada vez más alejadas. En el Imperio Romano, en los tres primeros siglos de nuestra era, se habría observado que la religión oficial, con la deificación del Emperador, iba cediendo terreno ante las llamadas religiones mistéricas, u orientales, que ofrecían al creyente cosmopolita un mensaje más sentimental, más cercano, en fin, más humano.

Al principio el Cristianismo fue solamente una entre muchas de estas creencias y es probable que se fundiera con ellas en algunas de sus primeras manifestaciones. El siguiente paso en la evolución religiosa, el Monoteísmo absoluto, ya había sido dado por el Judaísmo muchos siglos antes. Una conjunción de esta antiquísima religión, de la filosofía helenística y de la propia religión romana y su filosofía organizativa acabaron dando forma, con el tiempo, al Cristianismo Medieval.

El Cristianismo habría triunfado en el Imperio Romano porque fue capaz, en unos tiempos muy difíciles, de cumplir las dos funciones que he señalado para una religión. Su vertiente política se agudizó muchísimo en la parte Occidental de este al desaparecer la máxima autoridad civil, lo que no ocurrió en la parte oriental, posteriormente conocida como Imperio Bizantino.

Va surgiendo en Occidente toda una filosofía organizativa cada vez más compleja que, en la Edad Media al menos, absorberá prácticamente a todas las demás ramas de la cultura o las incluirá dentro de sí. Gran parte del pensamiento medieval, también del político, es, en cierto modo, Teología. Y así en la formación de esa esfera poítico-cultural, lo que hoy llamaríamos Civilización, que es Occidente, y Europa, el peso del Cristianismo es abrumador. Es una filosofía excluyente: lo que no es cristiano es incivilizado y se rige por las leyes de la naturaleza, pudiendo ser, por ejemplo, atacado en cualquier momento y sin causa legítima especial.

Así ocurrió con los indios americanos, una de las manchas negras de la Historia del Cristianismo, al menos en parte, porque la Leyenda Negra admite muchas matizaciones. Pero mucho antes la Religión Verdadera había tropezado con su mayor enemigo, con el Enemigo: una religión que se presentaba como igualmente única verdad con carácter excluyente, derivada en muchos aspectos del Cristianismo. Me refiero al Islam, la tercera gran religión monoteísta, con la misma fuerza expansiva y capacidad de afirmarse como civilización de éste.

Esto podría ocupar mucho más espacio, pero creo que ya me he pasado mucho del que pensaba usar. Me quedaría por explicar la evolución, sobre ese marco de fondo de invasión por parte de las religiones de todos los aspectos de la vida, de la religión en el mundo moderno. El siguiente, y hasta ahora último paso, en la evolución de la religión consistiría precisamente en su retirada lenta y progresiva hacia el ámbito privado e individual, el proceso de secularización. Pero las posibilidades de esta evolución eran todavía muy limitadas en el momento de máximo apogeo de la Europa Cristiana, en el siglo XIII.

01
Jul
08

España invertebrada

Le tomo el título de esta entrada a José Ortega y Gasset, probablemente el intelectual español más relevante de la primera mitad del siglo XX. Él y muchos más, desde todas las posiciones ideológicas, han sostenido en los últimos 150 años aproximadamente la existencia de el problema de España, refiriéndose con ello a la escasa articulación ínterna del país, a la falta de una identidad común poderosa, que incluya a toda la sociedad bajo unos mismos símbolos: una bandera, un himno, una historia…

Bueno, personalmente pienso que la palabra Nación es palabra muy tramposa por lo que tiene de instrumento político fácilmente utilizable en la lucha por el poder y el control social. En España como en todo el mundo conocido, hemos vivido desde el siglo XIX, el siglo de la invención de las naciones, el intento por los diversos grupos dirigentes de transmitirnos ese sentimiento de identidad, esa base para la unidad y el buen funcionamiento del Estado y de la Economía, para la paz social… sin éxito.

Pues las creencias rara vez se imponen desde arriba, aunque los grupos dirigentes tengan una gran influencia en la creación de la cultura. Una creencia nacional sólo madura en un terreno abonado para ello, allá donde se encuentran las aspiraciones de una comunidad de cohesionarse en torno a una constitución (en sentido muy amplio, no sólo político) y la voluntad política de encauzar esas mismas aspiraciones, sin olvidar tampoco el contexto internacional del momento.

Yendo al caso español, diría que en el siglo XIX se construyeron varias identidades nacionales competidoras: la nacional-católica; la liberal-castellanista, la catalanista y la vasca; y a finales del XIX y principios del XX se les unió otra más que es la republicana-integralista.

La primera tiene su mejor expresión en la ideología del Movimiento Nacional surgido en torno a la persona del General Franco y sus apoyos sociales, reforzada tras el triunfo de este bando en la Guerra Civil de 1936-1939; la segunda, en la Constitución de 1876 y su desarrollo hasta 1898 aproximadamente, y también en la ideología dominante en los primeros Gobiernos de la España democrática (Suárez y Calvo-Sotelo); la tercera, en el actual Estatuto de Cataluña; la cuarta, la vasca, tiene varias expresiones en una sociedad profundamente dividida; por último la quinta, la republicana, queda expresada en la Constitución de la II República de Octubre de 1931.

Un mapa muy complejo, por tanto, con diversas propuestas, ninguna de las cuales ha triunfado del todo sobre las demás… lo que sigue generando tensiones y confusión. Las tres ideologías “estatales”, digamos, encierran propuestas muy distintas y probablemente incompatibles. La actual Constitución de 1978 recoge elementos de las tres, también de la nacional-católica en aspectos como la redacción del art. 2 de la misma (consultar el apartado 1); o el súper polémico art. 27.3 sobre las confesiones religiosas en España.

España sigue invertebrada, lo cual no tiene por qué suponer un grave problema, pero, y al hilo de las preguntas de Harry he escrito esto, la celebración de una gesta nacional como la consecución de la Eurocopa lleva a preguntarse… sí, “hemos” ganado, lo estamos celebrando, pero,¿¿¿QUIÉNES SOMOS??? ¿QUÉ ES ESPAÑA? ¿QUÉ REPRESENTA?

01
Jul
08

EL MILENIO

En el año 2000 se produjo un gran temor, puede que más efecto de la propaganda que con base real, en torno a una catastrófica caída de la red informática mundial. Otros temían desastres incluso mucho peores… y hasta algunos creen que estos comenzaron al producirse la entrada “correcta” en el nuevo milenio, es decir, en el año 2001, y más exactamente el 11 de Septiembre de aquel año, fecha en la que ya muchos historiadores, como bien apuntó Rayuelo (VPI, NO TE LANCES AÚN CON LA CONSPIRACIÓN, QUE ME VOY A IR MIL AÑOS HACIA ATRÁS!!!) ponen el comienzo del siglo XXI.

Históricamente el milenarismo tiene un largo recorrido, pero es importante señalar que este mito no está asociado necesariamente a una catástrofe; depende las interpretaciones que se quieran hacer y en cada contexto histórico sobre la significación del texto bíblico.

Digamos que hay, al menos, DOS milenarismos y dos milenios. Ambos coinciden, al menos como base profunda, en que la Segunda Venida de Cristo y el Fin del Mundo ocurrirán en relación a un período de mil años (NO en torno a una fecha relacionada con ese número, necesariamente).

El que se puede llamar pre-milenarismo sostiene que determinados signos anunciarán la Segunda Venida, signos catastróficos, grandes perturbaciones, tanto naturales como humanas: signos como desastres naturales de grandes proporciones, grandes hambrunas, las guerras más devastadoras, la división de la Cristiandad, primero con el Cisma de Avignon (siglo XIV) y luego con el surgimiento del Protestantismo en el siglo XVI; etc. El signo más característico, y más buscado, sería la presencia de un ente, personaje o colectivo, que trataría de guiar a la Humanidad en esos momentos de aflicción, presentándose como enviado de Dios, nuevo Salvador; pero finalmente lo único que pretendería sería sembrar discordia y obtener ganancia y poder a costa del sufrimiento humano. Este personaje es conocido como el Anticristo.

Estos milenaristas, entre los cuales se cuenta hoy en día la Iglesia Adventista (creada por el norteamericano William Miller, preveía el fin del mundo para el año 1844) las grandes perturbaciones casi destruirán el Mundo a sangre y fuego, pero la Segunda Venida restaurará el Orden, derrotará al Anticristo, e instaurará un período en el que Cristo reinará con sus santos EN la Tierra, antes del Juicio Final; este período durará mil años, de ahí el nombre de Milenio.

En cuanto al post-milenarismo, las primeras huellas de este pensamiento son más tardías, y el gran impulso parece que procede del abad italiano y gran erudito del siglo XII Joaquín de Fiore. Fiore escribió un libro, El Evangelio Eterno, que inspiraría a generaciones de reformistas religiosos y sociales en los siglos siguientes.

Fiore, tras sus estudios de la Biblia, había llegado a la conclusión de que el Milenio no sería un reinado de Dios, sino de sus auténticos seguidores. Sostenía que la Historia de la Humanidad se dividía en diversas Edades y Eras, correspondiendo el Milenio a la Última Era de la Tercera Edad del Mundo (Tolkien???,) la Edad del Espíritu, en la que los valores del auténtico cristianismo y del auténtico humanismo; a saber bondad, justicia, paz, amor, igualdad, etc. triunfarían en el Mundo a través de la acción de los auténticos discípulos de Cristo… no la Iglesia de Roma, evidentemente, a la que algunos de estos milenaristas no dudaban en calificar como el Anticristo.

Las predicciones de Fiore, como las de Miller 7 siglos después, no se han cumplido; pero la esperanza o temor ante el Milenio sigue inspirando a muchas personas, y especialmente el cristianismo humanista y liberador de Fiore tiene muy diversas ramificaciones, con mayor o menor escatología, hasta nuestros días: la corriente de la Teología de la Liberación puede ser la más conocida hoy en día. El siglo XX, especiamente, ha sido un siglo de Grandes Catástrofes, incluidas dos guerras mundiales; un siglo pesimista, en comparación con el Siglo del Progreso, el siglo XIX. ¿Cuál es el siguiente acto de este drama cósmico e histórico? ¿De nuevo vemos acercarse el Milenio? ¿Cuál de ellos? El Apocalipsis sigue guardando las respuestas….

26
Jun
08

ESTO ES ESPARTA!!!!!!!!!

Atendiendo a la petición de Harry:

La tengo que hacer de memoria así que no voy a dar datos muy precisos, que los tendría que buscar; además Rayuelo, que me da que del mundo griego clásico sabe un rato, si me lee alguna herejía va a saltar.

Esparta parece haber sido una polis (ciudad-estado) bastante común hasta finales del siglo VIII-principios del siglo VII a.C. Se encontraba en una posición bastante favorable, al menos estratégicamente, dentro del puzzle de poleis (es el plural) que formaban el Peloponeso, la península al sur de la actual Grecia. Como dato curioso, decir que su constitución (si este término puede valer para la época) establecía no uno sino DOS Reyes, pertenecientes cada uno a las dos familias más prominentes de la aristocracia local, que dominaba la ciudad.

Esparta, o mejor, la polis de los Lacedemonios, como la llamaban sus habitantes (Lacedemonia era la región dominada por la ciudad), poco tenía que ver por entonces con el modelo que después ha pasado a la Historia. A principios del siglo VII, como el resto de Grecia, se vio envuelta en violentas luchas internas por el poder, que, según la tradición, parecen haber sido resueltas gracias a la mediación del mítico legislador Licurgo (figura frecuente en la tradición griega) con la adopción de una nueva constitución que equilibraba las facciones aristocráticas, permitía la salida de los descontentos hacia las colonias, e instituía una nueva magistratura como “vigilante” de la ley e intermediaria entre ciudadanos y gobernantes: los éforos. Poco se sabe sobre el papel exacto de estos personajes en la vida política espartana, aunque no creo que fueran tal como aparecen en la película.

Por si os estáis aburriendo, lo bueno empieza ahora: a lo largo del siglo VII, Esparta sufrió una profunda evolución que la convirtió en la polis-cuartel que acabaría siendo. La razón inicial de esta militarización es la guerra de Mesenia, por la que Esparta más que dobló su territorio, consiguió tierras mucho más fértiles y grandes boletos para ejercer como potencia hegemónica en el Peloponeso. Pero esta inmensa ganancia, que permitió a los espartanos ser autosuficientes, les encerraría en adelante cada vez más en sí mismos, al tener que controlar a una inmensa población esclavizada  (los hilotas) o semi-esclavizada mediante un ejército elitista, hiper-preparado, de ciudadanos, y desde luego permanente.

Así en unas pocas generaciones (la transformación se habría consumado para mediados del siglo VI a.C) la clase dirigente espartana se convirtió, mediante la educación llamada agogé, en lo que podéis ver en los primeros minutos de 300: un grupo de guerreros de élite con plena dedicación a estas funciones, siempre necesitado de renovación, siempre necesitado de vigilancia, siempre necesitado de entrenamiento. La ética de la polis se volvió en gran medida militarista, y todo el resto de habitantes (al menos un 80%) quedó sometido, de buen grado o por la fuerza, a este poder y a esta estructura cuartelera.

 La infantería espartana se convirtió en la más afamada de Grecia, Esparta alcanzó la hegemonía, primero en el Peloponeso frente a Corinto y Megara, sus principales rivales, y ,tras la guerra contra Atenas  y sus aliados a finales del siglo V (la Guerra del Peloponeso) en la potencia hegemónica de Grecia…

 Todo ello a un coste terrible, tanto para la propia Esparta, como para su población esclava, que vivía en una especie de inmenso campo de trabajo generación tras generación (la revuelta de los hilotas era la pesadilla permanente de los espartanos, creciente con cada nueva rebelión, con cada movilización para una guerra exterior, con cada nueva ganancia teritorial y consiguiente nueva esclavización), como para todo el mundo helénico.

 Pero esta valoración ya no corresponde a los historiadores. Para bien o para mal, la mucho más culta, comercializada, abierta Atenas perdió la Guerra y seguramente a Rayuelo por ejemplo le habría gustado más el resultado contrario. La culpa fue, entre otros, de Alcibíades… pero ese post creo que le tocaría a Rayuelo.

25
Jun
08

Historia en este blog?

He decidido incluir las entradas de Historia en la sección de cultureta, porque creo que ese es su sitio. Este es un blog de deportes, al fin y al cabo, y si hablamos de otras cosas podemos hacerlo al hilo de los propios comentarios que se salgan de alguna manera de lo propiamente deportivo.

Sólo en caso de que haya un interés especial general por algún tema, y siempre de acuerdo con el encargado de esta sección, digamos, “alternativa”, del blog, leonelreo, escribiré entradas aquí, por supuesto. Seguir leyendo ‘Historia en este blog?’




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